La elección de la cama en el diseño interior

La elección de la cama en el diseño del dormitorio

Cuando pensamos en decorar un dormitorio, es fácil caer en la tentación de empezar por el color de las paredes, las mesillas o los cojines, y sin embargo hay un elemento que manda sobre todos los demás, aunque a veces lo decidamos casi “de carrerilla”: la cama.

Las camas no son solo un mueble donde dormir: son el elemento principal del dormitorio, puesto que representan el mayor volumen de esta estancia.

Además, la cama es la que define la circulación, condiciona la distribución, marca la estética del conjunto y, por supuesto, determina en gran parte la calidad del descanso.

Por tanto, elegirla bien es como trazar los cimientos de una casa: todo lo demás se apoya en esa decisión.

Por eso hoy le dedicamos el post a esta pieza tan esencial analizando por qué la elección de la cama es clave y cómo abordarla desde tres ángulos inseparables:

  • el descanso
  • la estética
  • y el equilibrio del espacio

¡Vamos con ello!

La cama como pieza arquitectónica del dormitorio

Antes de pensar en tapicerías o cojines, conviene mirar la cama como lo haría un arquitecto: un volumen grande en medio de un espacio limitado.

En la mayoría de dormitorios, la cama ocupa entre un tercio y la mitad del espacio utilizable, se apoya sobre la pared principal, y es el primer elemento que se ve al entrar.

Por eso, su elección no es solo una cuestión de gustos, sino de 3 características clave:

  1. El ancho y largo determinan cuánta circulación queda alrededor
  1. La ubicación condiciona la posición de puertas, armarios y enchufes
  2. La altura y el cabecero influyen en la percepción del espacio (más ligero cuanto más bajo o más fino, más contundente cuanto más alto o más grosor, más acogedor en tonos cálidos, etc.)

Además, cuando decides si quieres una cama de 135, 150, 160 o 180 cm, o si vas a optar por dos camas individuales, en realidad estás eligiendo cómo se va a vivir ese dormitorio: si será para una pareja, para un dormitorio de invitados, para niños, como dormitorio–suite…

Así que si estás reformando tu casa, piensa antes en qué uso le vas a dar al dormitorio y qué cama vas a poner para así definir la ubicación exacta de enchufes e interruptores, colocación de la lámpara de techo (en su caso), etc.

Descanso: la cama adecuada para cada tipo de dormitorio

En decoración hablamos mucho de estética, pero en el dormitorio el punto de partida debería ser siempre el uso real del espacio.

Dormitorio principal

En el dormitorio principal, lo que suele definir la elección son 3 cosas:

  • el número de personas que duermen a diario
  • su altura y complexión
  • sus hábitos de sueño (si uno se mueve mucho, si se acuestan a horas distintas, etc.).

Aquí, más que el “tamaño estándar”, importa encontrar el equilibrio entre confort y espacio disponible.

Por ejemplo, en dormitorios generosos, una cama de 160 o 180 cm de ancho y 200cm de largo da un plus de confort sin resultar exagerada.

Sin embargo, en dormitorios más pequeños, una cama de 150×190 cm suele ser suficiente, siempre y cuando no “asfixie” la circulación.

Eso sí, al ser el dormitorio principal, priorizaremos un buen colchón que atienda a las necesidades del espacio y las preferencias de los “durmientes”.

Dormitorio de invitados

En un dormitorio de invitados que también funciona como estudio o sala multipropósito, la cama se convierte en pieza estratégica. Aquí tendremos que hacernos 3 preguntas:

  • ¿Qué elegimos, sofá cama, cama nido o cama fija?
  • ¿Los invitados serán frecuentes o eventuales?
  • ¿El uso de trabajo será diario o esporádico?

Aquí la clave estará en no sobredimensionar: una cama demasiado grande condena el uso diario del espacio.

En muchos casos, para este tipo de dormitorios, una cama de 135cm o un buen sofá cama es suficiente, así como una estructura discreta que no “se coma” la habitación.

Por otro lado, ésta es una de las estancias donde puedes dar rienda suelta a la creatividad. En primer lugar porque así sorprenderás a tus invitados y en segundo lugar, porque al usarse menos no dará tiempo a “cansarse”, mientras que en el dormitorio principal se debe priorizar más el descanso.

Dormitorios infantiles o juveniles

En los dormitorios de niños o adolescentes, la cama es importante, pero no puede ocuparlo todo:
hay que dejar espacio para jugar, estudiar, moverse.

A veces compensa sacrificar el ancho de la cama (90 o 105 cm) para ganar espacio para 3 claves de esta estancia:

  • zona de estudio
  • almacenaje extra
  • una buena circulación

Por su parte, en habitaciones compartidas, la decisión entre literas, camas en L o camas paralelas tiene un impacto enorme en la sensación de orden y amplitud.

Las literas ahorran espacio en el resto de la estancia, las camas en L permiten “respirar” al que duerme debajo y las camas paralelas son las más prácticas para hacer la cama, pero a costa de comer espacio para los usos anteriores. ¡En la variedad está el gusto!

Proporción y equilibrio: tamaño de la cama vs dormitorio

Una cama demasiado pequeña en un dormitorio muy grande se “pierde”, y una cama excesiva en un espacio muy justo genera agobio visual y dificultad práctica a la hora de circular.

Así que si dudas en cuanto a medidas, aquí tienes algunas ideas clave:

a) Dimensiones mínimas alrededor de la cama

Como guía orientativa, conviene respetar:

  • 60–70 cm mínimos libres a cada lado para poder pasar cómodamente.
  • 80–90 cm si se quiere que una persona pueda circular con soltura (especialmente junto a armarios).
  • Al menos 80-90 cm al pie de cama si hay paso hacia otra zona (baño, vestidor).

Si al meter la cama que tenías en mente ves que la mesilla queda “aplanchada” contra la pared, cuesta abrir el armario o no puedes pasar con normalidad, quizá la cama es demasiado grande para ese espacio concreto, por muy ideal que parezca en catálogo.

b)  Relación cama–techo–pared de cabecero

También hay que tener en cuenta 2 cuestiones:

  • altura de techos
  • longitud de la pared principal

En techos bajos y habitaciones pequeñas, funcionan mejor las camas de líneas ligeras, los cabeceros sencillos, más bien horizontales y estructuras con patas visibles (para que el suelo se vea bajo la cama y dé sensación de ligereza).

En espacios más altos y amplios, la cama puede “aguantar” cabeceros más altos, estructuras más contundentes, panelados detrás e incluso doseles, sin saturar.

La cama como protagonista estética del dormitorio

Una vez resuelto el equilibrio entre medidas y circulación, llega la parte más visible: la estética de la cama.

Su diseño marca el estilo del dormitorio incluso antes que la ropa de cama o las cortinas. ¡Veamos las principales claves a la hora de definirlo!

1. Estructura: ligera, volada, sólida…

La decisión de optar por una u otra estructura tendrá diferentes efectos en el diseño:

Camas ligeras con patas finas
  • son ideales para dormitorios pequeños o muy nórdicos
    • dejan ver el suelo y aligeran visualmente el ambiente
Camas con base tapizada
  • aportan sensación de “bloque” y suelen dar imagen más hotelera
    • funcionan bien en dormitorios amplios y ordenados
Camas con canapé abatible
  • muy prácticas si falta almacenaje…
    • … pero visualmente más pesadas

En este caso, conviene compensar esa pesadez visual con la elección de un colchón de grosor medio para limitar la altura y con el uso de textiles claros y cabeceros suaves.

Además, puedes optar por un truco: saca la ropa de cama por fuera del canapé y deja que el nórdico y la manta “arrastre” por el suelo… El efecto “ocultará” el canapé como por arte de magia.

2. Cabecero: pieza clave en el equilibrio visual

Por su parte, el cabecero merece capítulo aparte porque puede cambiar por completo la sensación del dormitorio.

Algunos de los ejemplos más típicos se encuentran entre estos tres:

Tapizados en lino, algodón o terciopelo suave
  • dan calidez, confort visual y acústico
    • y encajan muy bien en estilos contemporáneos, clásicos renovados o mediterráneos
Cabeceros de madera
  • aportan carácter y naturalidad
    • pueden ser lisos, con lamas, curvados, de obra o con molduras según el estilo buscado
Cabeceros integrados en paneles o zócalos
  • se diseñan como parte de la arquitectura: panelado de madera, de DM lacado, franja de color, estantería continua…
    • ayudan a unificar cama, mesillas y pared en un solo gesto, pudiendo éstas ir integradas o sueltas

No obstante, si te va la creatividad, éste es probablemente el elemento en el que más puedes incidir en todo el dormitorio, pues existen mil formas de crear un cabecero original

En cualquier caso, ten en cuenta que a la hora de elegir cabecero, es importante pensar en tres propiedades:

  • la altura (para que no “corte” ventanas o cuadros)
  • el ancho (lo ideal es que sobresalga ligeramente de la cama, abrazando las mesillas)
  • y la coherencia con el resto de muebles

Simetría, mesillas y lámparas

La cama no es la única pieza del dormitorio: siempre “dialoga” con otros elementos que la acompañan.

Simetría vs asimetría

Una composición simétrica (dos mesillas iguales, dos lámparas iguales) transmite orden, calma y cierta formalidad.

Cómo elegir la cama adecuada en el diseño del dormitorio

Una composición asimétrica (mesillas distintas, una lámpara de pie y una de sobremesa, etc.) aporta dinamismo, personalidad y un toque “informal”.

La clave está en no perder el equilibrio:

  • Si la cama ya es muy potente (cabecero llamativo, estructura muy marcada), a veces conviene suavizar el resto con piezas sencillas o de tonos suaves.
  • Si la cama es discreta, se le puede dar más protagonismo a las mesillas o lámparas.

Mesillas: proporción y función

La elección de mesillas también está condicionada por la cama: a mayor ancho de cama, más fácil trabajar con mesillas algo más generosas.

En cambio, si buscamos una cama “grande” pero el dormitorio es pequeño, quizá convenga optar por:

  • baldas suspendidas
    • taburetes
    • mesillas estrechas

Por su parte, anivel funcional es importante alinear la altura de la mesilla con el colchón o ligeramente por debajo, para que resulte cómoda al apoyar cosas.

Además, el fondo debe ser suficiente para lámpara, libro y algún objeto básico sin robar demasiada circulación.

Lámparas de noche

Las lámparas terminan de equilibrar la composición. A modo de guía rápida las 3 opciones más comunes son:

  • Lámparas de sobremesa sobre mesilla → solución clásica y cálida
  • Apliques de pared → liberan superficie y dan un aire más arquitectónico
  • Lámparas colgantes a cada lado → visualmente potentes, ligeras y perfectas en dormitorios más contemporáneos

Eso sí, la altura a la que se colocan los apliques o colgantes en relación con el cabecero, la cama y las mesillas es esencial para que el resultado sea armonioso.

En este sentido, como guía orientativa puedes colocar los interruptores o enchufes a 80cm del suelo y los apliques o colgantes a unos 120cm.

Camas con almacenaje: equilibrio entre practicidad y estética

En muchos dormitorios reales el gran reto es: “¿dónde guardo todo lo que necesito sin que parezca un trastero?”

En estos casos, las camas con almacenaje integrado son una solución muy habitual, y dentro de ellas las tenemos de tres tipos:

  • canapés abatibles
  • camas con cajones en la base
  • estructuras más altas con espacio útil inferior para colocar cajones con ruedas o fundas de almacenaje de temporada

La ventaja de este tipo de estructuras es que generan un gran volumen de almacenaje “oculto” (suelen considerarse “un cuarto armario”) y por tanto menos necesidad de cargar el dormitorio de armarios adicionales.

Eso sí, deberás tener cuidado con dos puntos esenciales:

  1. la altura final de la cama (colchón incluido), para que no quede desproporcionada
  2. la sensación de bloque pesado (se puede aliviar con textiles claros, cabeceros ligeros y evitando muebles muy voluminosos alrededor).

En habitaciones pequeñas, a veces compensa renunciar a una cama muy grande para poder elegir un modelo con almacenaje que mantenga la sensación general de orden y espacio.

Errores frecuentes al elegir cama (y cómo evitarlos)

Para cerrar, te mostramos algunos fallos habituales que conviene evitar:

1. Elegir la cama “por catálogo” sin medir el dormitorio

Comprar la cama soñada sin haber hecho un plano mínimo (aunque sea a mano) suele terminar en:

  • puertas que chocan con la cama,
  • armarios que no abren bien,
  • mesillas que no caben o quedan encajadas.

Solución: dibujar siempre el plano con medidas reales y comprobar las circulaciones antes de decidir el ancho y la posición.

2. Sobredimensionar el cabecero

Un cabecero demasiado grande o alto puede:

  • comerse visualmente la pared,
  • tapar interruptores o enchufes,
  • o chocar con ventanas.

Solución: ver el cabecero como parte del conjunto pared–cama–mesillas, no como una pieza aislada.

3. Pensar solo en estética y no en uso

Elegir una cama muy baja porque queda “estilosa” y luego descubrir que es incómoda para levantarse hará que te acuerdes de ella toda la vida.

Igualmente, optar por una estructura preciosa pero incompatible con el tipo de colchón necesario (por ejemplo, porque éste necesite un somier de lamas para respirar) puede afectar al rendimiento de éste.

También, elegir una estructura con esquinas rectas en las que el colchón se inserte dentro puede hacer que tus espinillas lo sufran más de una vez.

Solución: vincular siempre la decisión de cama a la forma de usar el dormitorio: ¿se lee en la cama?, ¿se ve la tele?, ¿hay niños pequeños que suben y bajan?, ¿hay problemas de espalda?

4. No pensar en el dormitorio como conjunto

Una cama que, individualmente, es maravillosa puede resultar un error si:

  • no encaja con el suelo
  • desentona con el armario
  • o choca con el estilo del resto de la vivienda

Solución: como en cualquier otra estancia, ver siempre el dormitorio como un conjunto coherente donde la cama es el eje, pero no la única protagonista.

En resumen: la cama como punto de partida del proyecto

Por resumir, si tuviéramos que condensar todo en una idea sería ésta:

La cama es la pieza que estructura el dormitorio: condiciona el descanso, dirige la circulación, ordena el resto de muebles y fija el tono estético del espacio.

Por eso, antes de elegir color de paredes, cojines o cortinas, merece la pena dedicar tiempo a:

  1. Definir quién y cómo va a usar ese dormitorio.
  2. Estudiar las medidas reales y la circulación necesaria.
  3. Decidir el tipo de cama (tamaño, estructura, almacenaje) y colchón (altura, firmeza, material) más adecuados.
  4. A partir de ahí, construir el resto: cabecero, mesillas, lámparas, textiles…

De este modo, cuando la cama está bien elegida, el dormitorio entero se ordena casi solo.

El espacio respira, el descanso mejora y la estética deja de ser una suma de piezas sueltas para convertirse en un espacio acogedor en el que apetece realmente estar y, sobre todo, dormir.

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