¿Alguna vez has entrado a un dormitorio sin cabecero y has notado algo raro, como que algo falta?
A veces ocurre que pasas la noche en un dormitorio de invitados, con una cama comodísima, unas sábanas gustosas y dos mesitas con mucha personalidad, pero la pared principal se ve desnuda, fría.
Esa sensación ocurre porque la habitación está a medio terminar. Falta el cabecero, un elemento fundamental para “cerrar” la decoración del dormitorio.
Y ojo porque “terminar la decoración en otro momento” suele ser muy habitual y así nos encontramos con una triste bombilla colgando del techo, las persianas medio bajadas porque aún no hay cortinas y una cama solitaria porque le falta su cabecero.
Muchos piensan que se puede vivir sin estos elementos, pero cuando llegan a casa y no terminan de sentirla suya, es porque no se han molestado en terminar la decoración que tanto afecta al estado de ánimo.
Así que en este post vamos a intentar ayudar a todos aquellos que no terminaron su habitación a tiempo o a los que necesitan dar un cambio de aires a su dormitorio.
Vamos a repasar todo lo que necesitas saber para elegir el cabecero ideal, combinando practicidad con ese estilazo que estás buscando.
La hora de medir: saca la cinta métrica y toma nota

Si estás buscando cabeceros para tu cama, antes de enamorarte de un diseño, saca el metro y toma medidas del espacio, de la cama y de las mesillas.
El secreto de un dormitorio que funcione a la perfección, donde nada chirríe, está en la proporción.
Por eso es importante tener en cuenta las medidas, tanto por estética como para lograr armonía con el resto del mobiliario del dormitorio.
Tamaños estándar que salvan vidas
Para que el conjunto de la cama luzca en condiciones, lo ideal es que el cabecero sobresalga unos centímetros por cada lado del colchón.

Si, por ejemplo, tu cama es de 150 cm, lo habitual es encontrar piezas de 160 a 180 cm de ancho. Esto enmarca visualmente la cama y evita que las colchas abulten más que la estructura de la pared.
Para las habitaciones de los más pequeños con camas de 90 cm, un ancho de 100 ó 110 cm enmarca la cama dándole más empaque, al mismo tiempo que aporta una sensación de refugio muy acogedora.
La altura ideal para los amantes de la lectura
Si eres de los que no perdona ver un capítulo de tu serie favorita desde la cama o trabajas hasta las tantas con el portátil apoyado en las rodillas, la altura importa, y mucho.
Un cabecero estándar suele medir entre 60 y 80 cm desde el colchón hacia arriba.
Para los cuartos infantiles, una altura menor, de unos 50 cm, resulta más proporcionada y evita que la habitación se vea abarrotada.

Eso sí, ten en cuenta que hoy en día los colchones suelen ser bastante altos, así que no te olvides de comprobar si el conjunto quedará bien y valorar la opción de cabeceros que no llegan a suelo y van colgados en la pared.
Y si por estética y por comodidad te gustan más altos, no te olvides de que siempre puedes encargarlos a medida. Es una opción algo más cara, pero a la larga te compensará.
El truco del cabecero XL para dormitorios pequeños
Si tu habitación es estrecha, un cabecero que ocupe toda la pared, de lado a lado, te puede ayudar a crear un espacio con mucha personalidad.
Así, lo que era un inconveniente se transforma en una oportunidad.
Al prolongar la línea horizontal, engañas al ojo y el espacio parece mucho más ancho de lo que realmente es.

Además, con esta solución puedes integrar los enchufes y colgar las mesitas directamente de la estructura para dar un plus de diseño a tu dormitorio.
Cabecero con texturas que apetece tocar y acabados con estilo
El material que elijas define el confort que pretendas buscar para tu dormitorio.
No es lo mismo apoyar la espalda contra un cabecero compuesto de listones que contra una superficie mullida mientras lees antes de dormir.

Telas, linos y las odiosas manchas
Los tejidos naturales como el lino dan una frescura mediterránea como pocas telas pueden hacer. Sin duda es ideal para el dormitorio principal.
Eso sí, si gusta desayunar en la cama, mucho cuidado con el café que puede saltar por los aires y manchar el cabecero. Así que ya sabes que estas telas requieren un mimo extra.

Si tienes niños o mascotas en casa, huye de las texturas porosas y opta las telas con tratamientos antimanchas o aquaclean.
Los tapizados de chenilla o terciopelo sintético se limpian con un paño húmedo y aguantan el trote diario sin perder color.
Ribetes y tachuelas: el secreto está en los detalles
Los acabados marcan la diferencia entre un mueble genérico y uno con identidad.
Un ribete en contraste, por ejemplo, un vivo negro sobre tela beige, enmarca la silueta del cabecero y le da una estructura visual muy potente.
Otra idea es optar por una tela con trama o estampado y seleccionar un ribete en una tonalidad a juego.

Por otro lado, las tachuelas envejecidas o cromadas aportan un aire clásico renovado que funciona de maravilla si buscas un estilo más espectacular.
Y si quieres rizar el rizo, colócalas en doble fila en los laterales para un efecto con más personalidad. También puedes jugar con el tamaño de las tachuelas y el espacio entre ellas.

Madera y fibras para conectar con la naturaleza
La madera natural, especialmente el roble o el pino recuperado, aporta un aire tan hogareño, que difícilmente puede lograr otra material.

Si te mudas a menudo y te llevas los muebles contigo, un cabecero de rafia o mimbre es ligero, facilísimo de transportar y encaja tanto en un piso urbano como en una casa de playa.
También es ideal si te gustan los estilos mediterráneos.

Colores y estampados para huir del aburrimiento
El color del cabecero es una de las cosas más llamativas del dormitorio.
Con él, puedes dar la nota diferenciadora si sabes combinarlo con el resto de la ropa de cama. La elección tienes que meditarla bien.
Tonos neutros que calman el ruido mental
El gris perla, el arena y el verde oliva suave son apuestas seguras para el dormitorio principal. Invitan al descanso, reflejan la luz natural y te permiten jugar con los colores en las sábanas o los cojines según la estación del año.

En otoño e invierno puedes añadir cojines de tonos tejas o mostazas, y en verano volver al blanco puro sin que el cabecero desentone jamás.
Como ves, una base neutra de cabecero te permite jugar con los colores de los complementos para cambiar la sensación que desprenda la decoración, sin hacer grandes cambios ni desembolsos.
Estampados para los más atrevidos
Las rayas, los motivos botánicos a gran escala y los cuadros vichy están viviendo una segunda juventud.
Algo que suele funcionar siempre, en el caso de que te decantes por un estampado potente en el cabecero, es mantener el resto de las paredes en tonos lisos para no saturar la vista.

En los dormitorios infantiles, las flores o los motivos geométricos en tonos pastel estimulan la creatividad sin alterar el sueño de los peques.

Colores vivos para los que necesitan más alegría
Ya sea en un color liso o en una tela estampada, con un color potente o la combinación de varios, puedes conseguir una habitación con laenergía revitalizante que estás buscando.
Y si te lías la manta a la cabeza y llevas el color más allá, acabarás siendo fuente de inspiración para todas tus visitas.

Ideas rompedoras para mentes atrevidas
Seamos sinceros, a veces las mejores soluciones nacen de no querer discutir con el casero por los agujeros en la pared o, lo más común cuando te acabas de independizar, de no tener presupuesto para un mueble enorme.
Si te apetece romper un poco las reglas y buscar algo que de verdad hable de ti, saca tu lado más creativo.
Estas alternativas demuestran que para tener un dormitorio de revista solo necesitas un poco de imaginación.

Papel pintado enmarcado y molduras
Una forma económica de crear un cabecero espectacular es empapelar una sección de la pared que coincida con el ancho de la cama.

Si rematas los bordes con unos listones de madera pintados del mismo tono que la pared, crearás un efecto óptico de profundidad que también ayuda a enmarcar la cama, igual que lo hacen los cabeceros.
Cuando te canses o te mudes, solo tienes que retirar el papel o pintar encima.
Alfombras, tapices y cojines suspendidos
Una alfombra de yute fina o un tapiz étnico colgado de una barra de cortina de madera o pegado con cinta de doble cara o velcro, añaden una textura increíble con mucha personalidad.
Y si encima lo haces a gran escala, puedes llegar a mejorar la acústica de la habitación.

El arte de pintar tu propio cabecero
Imagínate convertir la pared en una obra de arte única. Pintar un mural a mano en la zona del cabecero es una de las soluciones más creativas y poéticas que existen.

No necesitas ser un pintor consagrado: un arco geométrico en un tono teja, unas montañas sencillas en colores pastel para el cuarto de los niños, o unos trazos abstractos de estilo orgánico son fáciles de hacer con cinta de carrocero y un par de botes de pintura.
Lo mejor de todo es que cuando decidas mudarte o redecorar, solo te costará una tarde de rodillo y una mano de pintura blanca volver al punto de partida.
Al final, tu dormitorio tiene que ser ese sitio que te haga sonreír nada más cruzar la puerta después de un día interminable.
No le tengas miedo a experimentar, ya sea con una brocha en la mano o buscando esa tela gustosa que te arrope cada noche.
Y tú, ¿de qué equipo eres? ¿Te lanzas a la piscina con un mural pintado por ti o te quedas con la paz de un cabecero tapizado neutro y mullido?
